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𝑬𝒍 𝒂𝒃𝒓𝒂𝒛𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒇𝒆

  LECTURA: Lucas 1, 39-56 En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el pod...

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𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗵𝗮 𝘂𝗻𝗶𝗱𝗼

𝑺𝒆𝒕𝒆𝒏𝒕𝒂 𝑽𝒆𝒄𝒆𝒔 𝑺𝒊𝒆𝒕𝒆: 𝑳𝒂 𝑴é𝒕𝒓𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑨𝒎𝒐𝒓 𝑫𝒊𝒗𝒊𝒏𝒐

𝑬𝒍 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒓𝒆𝒄𝒐𝒏𝒄𝒊𝒍𝒊𝒂𝒄𝒊ó𝒏

𝗟𝗔 𝗚𝗥𝗔𝗡𝗗𝗘𝗭𝗔 𝗗𝗘𝗟 𝗦𝗘𝗥 𝗡𝗜Ñ𝗢

𝓜𝓸𝓻𝓲𝓻 𝓹𝓪𝓻𝓪 𝓕𝓵𝓸𝓻𝓮𝓬𝓮𝓻

DESCUBRIENDO LA ETERNIDAD

𝗥𝗲𝗻𝘂𝗻𝗰𝗶𝗮𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗴𝗮𝗻𝗮𝗿

𝓛𝓪 𝓯𝓮 𝓹𝓪𝓻𝓪 𝓵𝓪 𝓿𝓲𝓭𝓪 𝓬𝓸𝓽𝓲𝓭𝓲𝓪𝓷𝓪

𝗟𝗔 𝗙𝗘 𝗤𝗨𝗘 𝗩𝗘𝗡𝗖𝗘 𝗕𝗔𝗥𝗥𝗘𝗥𝗔𝗦

𝓕É 𝓔𝓝 𝓣𝓘𝓔𝓜𝓟𝓞𝓢 𝓓𝓔 𝓣𝓤𝓡𝓑𝓤𝓛𝓔𝓝𝓒𝓘𝓐