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 LECTURA

Juan 17, 20-26

Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, Jesรบs y sus discรญpulos iban camino de Jerusalรฉn y Jesรบs se les iba adelantando. Los discรญpulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguรญa tenรญa miedo. ร‰l se llevรณ aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: "Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalรฉn y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de รฉl, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer dรญa resucitarรก".

Entonces se acercaron a Jesรบs Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte". ร‰l les dijo: "¿Quรฉ es lo que desean?" Le respondieron: "Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estรฉs en tu gloria". Jesรบs les replicรณ: "No saben lo que piden. ¿Podrรกn pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que serรฉ bautizado?" Le respondieron: "Sรญ podemos". Y Jesรบs les dijo: "Ciertamente pasarรกn la prueba que yo voy a pasar y recibirรกn el bautismo con que yo serรฉ bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mรญ concederlo; eso es para quienes estรก reservado".

Cuando los otros diez apรณstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesรบs reuniรณ entonces a los Doce y les dijo: "Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueรฑos y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser asรญ entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, asรญ como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redenciรณn de todos".

REFLEXIร“N

Este pasaje nos muestra un contraste incรณmodo pero necesario: mientras Jesรบs camina con valentรญa hacia su entrega y sacrificio en Jerusalรฉn, sus discรญpulos siguen atrapados en dinรกmicas humanas de ambiciรณn, estatus y competencia. La respuesta de Jesรบs redefine por completo las reglas del juego en el Reino de Dios, recordรกndonos que la verdadera grandeza no se mide por cuรกntas personas estรกn a nuestro servicio, sino a cuรกntas personas estamos dispuestos a servir nosotros. En nuestra vida cotidiana, esto se aplica cuando decidimos soltar la necesidad de reconocimiento, los privilegios o el "querer tener la razรณn" en nuestras familias, trabajos y comunidades, para ponernos intencionalmente en el lugar del otro, lavando sus pies con paciencia, empatรญa y amor prรกctico. Ser grandes a los ojos de Dios implica bajar del pedestal del ego para subir al altar del servicio diario.

ORACIร“N DEL DรA

Seรฑor Jesรบs, limpia mi corazรณn de toda ambiciรณn egoรญsta y del deseo de ser superior a los demรกs. Dame la humildad necesaria para ver las necesidades de quienes me rodean y el valor para servirles sin esperar nada a cambio, reflejando asรญ tu amor y tu entrega. Amรฉn.



 


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